Crítica de Tina Pastor Ibáñez

1/1/1970

ESENCIA DE UNA SENTIDA NATURALEZA

EL ARTE DE MÓNICA SARMIENTO

     La pintura actual intenta representar la complejidad del mundo exterior y del mundo interior pues a través de formas que parecen más o menos lógicas, más o menos caóticas, se despliega un nuevo lenguaje plástico que se descifrará y se disfrutará con los elementos culturales que tengamos a mano. Esta complejidad es analizada y vivida por el artista desde su propia experiencia y en relación directa con la colectividad. En esa confrontación la lucha es diaria y dar forma a las cosas, a las vivencias, es una pasión que aún sobrevive.

     ¿Qué se representa?, lo que se siente, lo que se ve y lo que el impulso vital orienta al artista desde si mismo. Obviamente este proceso se ha dado desde el origen mismo de la proyección visual que el hombre ha hecho de su entorno, es la expresión de la mirada más allá de la realidad y está presente en todas las grandes obras de arte. Sólo que ahora se enfatiza ese impulso vital, no siendo ajeno a esta situación la búsqueda por parte de la cultura europea, desde hace ya largas décadas, de expresiones diferentes halladas en otras culturas cuyo acervo común está menos evolucionado y más puro en su origen.

     La posibilidad de abordar el tema a la que me refería antes se convierte en libertad por sugerir múltiples matices, pues la ventana del mundo se abre infinitamente. Son infinitas miradas hacia el detalle otorgando a la parte fragmentada su posible capacidad de explicar o representar la realidad. Las obras actuales tienden a representar cosas inconexas donde no vemos lo que siempre hemos visto o nos han explicado. Existen en todo ello el riesgo de que el arte pueda representarse sólo a sí mismo.

     En ese fuego cruzado creo que la pintura de Mónica “Sangoracha” es especialmente significativa pues entre la imagen real de sus paisajes y los fragmentos cromáticos que nos sugieren hay todo un método de trabajo cuya energía y disciplina nos han de llevar a algún lugar.

     El principal, según  yo siento su pintura, es de atracción hacia una poderosa naturaleza, envolvente, rodeada de misterio y silencios. Una naturaleza que no mira al azul del cielo, es decir, a la atmósfera coloreada por la luz solar sino que nos interna a través de fragmentos hacia la frondosa y fértil tierra. Y esos fragmentos marcan el ritmo con fuertes colores, cuyas formas están construidas con frutas naturales, en imperceptibles relieves.

     La pintora utiliza la envoltura de la materia orgánica que encuentra, limones, piñas, plátanos, tamarindos, hojas de yuca, de palmera, cortezas de árboles, preparando todo ello y con un concepto riguroso del trabajo pictórico. Con esta técnica da textura a la superficie de tal manera que emerge un paisaje cerrado, envuelto en su propia esencia de su cultura. Mónica viene de Ecuador donde la naturaleza es soberbia y el cielo azul un servidor acuoso de su fecundidad.

TINA PASTOR IBAÑEZ

Asociación Internacional de Críticos de Arte

Universidad de Alicante

Mayo 2.000