Crítica de Wilson Hallo

1/1/1970

RITMOS DE LA NATURALEZA

por Wilson Hallo

Para entrar en una compresión de las manifestaciones estéticas contemporáneas del Ecuador y América, necesitamos hacer un análisis histórico permanente, además extensivo a lo contemporáneo de las raíces que las ambientaron e influyeron en su conformación.

Dentro de este esquema, diremos que cuando percibimos los planteamientos y concepciones estéticas de las creaciones Valdivia (4300-1500 A.C.), especialmente peinados y vasijas, se evidencia que los “ritmos” primordiales abarcan la fluencia de líneas y formologías que son acordes a sus espacios naturales y vivenciales, que están integrados a las expresiones permanentes encontradas en las cerámicas, piedras o pinturas corporales.

Esta misma persistencia de ritmos apreciamos en las cerámicas antropomorfas y vasijas de la cultura Machalilla (1700-1500 A.C.), donde los ritmos incisos nos llevan a admirar su secuencias mágicas.

Al testifica la cultura Chorrera (1500-500 A.C.), veremos que la actitud creativa, deviene de una propuesta intelectiva más amplia, posiblemente porque a diferencia de las etapas culturales anteriores, ellos (la Chorrera) satisficieron ya sus necesidades primarias y disponían de mayor tiempo para la creatividad. Esta es una de las culturas más desarrolladas de su época. Los factores estéticos tiene mayor estructura conceptual. Estos avances servirán de punto de partida para otras culturas indígenas americanas existentes, antes de la Era de Cristo; como la Olmeca en México, Chavin en Perú, presumiendo para ello, contactos regionales.

Estos procesos han sido estudiados por Mónica Sarmiento, especialmente por su vinculación con el artista ecuatoriano, Estuardo Maldonado (generación del 60); transformando sus enseñanzas en idioma propio, añadiendo otros aportes que se han vuelto emblemáticos en su creatividad, al emplear materiales orgánicos como cortezas de varios frutos naturales que nuestra geografía produce. Integra a esa permanente estética de los ritmos, que apreciamos en las culturas precolombinas mencionadas, las complementa con una propuesta de color.

Añade una actitud secuencial, resultante de su relación con Carlos Cruz Diez, artista cinético venezolano con el que trabaja en 1998.

En el arte americano del Siglo XX, se destacan artistas como el catalán-uruguayo, Joaquín Torres García, (1930) quien, impresionado por la arquitectura Inca, abona a un constructivismo inicial, así como también a los nacientes idiomas abstractos de Europa. El ancestralismo desarrollado por Tamayo (1940) en México, Mata (1950) en Chile y en Ecuador por la generación de los 60, en especial de Tábara, Maldonado y Viteri, entre otros, quienes parten de un espacio cons-tructivo heredado de las culturas que habitaron Ecuador por espacio de seis mil años; cada uno se manifiesta con una perspectiva propia.

En Mónica Sarmiento (1998), encontramos un aporte en lo que llamamos “cocina artística”, al usar materiales orgánicos adheridos a una placa de madera. Estos materiales orgánicos configurados por su textura, que al ser tratados con colores, dan un espíritu cercano a los espacios elaborados por el “informalismo español” (Tápies, Cuixart, Canogar, etc.).

Moisés Villelia (escultor catalán), como fruto de una investigación realizada durante su estadía en Ecuador por dos años, hace una mención del uso del color en las culturas precolombinas. Investigación hecha junto al Grupo Piru, puntualiza y dice: que las culturas prehispánicas sabían trabajar con la suma de colores, por ello, en sus obras (cerámicas, textiles, etc.) encontramos colores resultantes de suma y no colores primarios.

Es necesario puntualizar que en los cuadros de Mónica Sarmiento, existe esa misma actitud, priorizando los ocres y sus derivantes, recordando la “pacha mama” (madre tierra), integrando a sus cortezas, un permanente ritmo propio del hombre ancestral y naturaleza americana.

Casi en todo el Siglo 20, los artistas de estas latitudes mantienen una permanente inquietud por todo lo que significa una vertiente ancestral y los tratan de las más diversas maneras. Al finalizar el Siglo, Mónica Sarmiento hace una propuesta válida que enriquece a esta permanente inquietud. Creemos que su persistencia dará frutos positivos.

Quito, Febrero 2.000