Crítica de Marianne de Tolentino

25/1/2007

 

Ensayo Catálogo

El Mundo Pictórico de Mónica Sarmiento

Hay dos modos de aproximación a la obra de arte. El primero -llamémoslo externo- es una mirada a las formas, los espacios, los colores, sin tomar en cuenta al autor, tal vez porque no lo conocemos. El segundo - a la vez externo e interno- también valora los elementos formales, pero entra al mundo del artista y permite otra visión, más completa y auténtica. Por el privilegio de tener contactos personales con Mónica Sarmiento, poseer de ella una buena información, y asociar su creación con sus vivencias, penetramos en su mundo pictórico.

Su pintura, rica en vibraciones tranquilas, suele proponer representaciones visuales accesibles a la sensibilidad estética: elegancia y armonía de los motivos, equilíbrio y sencillez de los principios compositivos, libertad pero depuración de la paleta. La contemporaneidad de Mónica Sarmiento rechaza las estridencias y resulta conciliadora, relacionando, dentro de la actualidad plástica, naturaleza y cultura(s).

Aunque ella manifiesta una notable versatilidad, pudiendo llegar a la (cuasi) abstracción minimalista, sus orígenes ancestrales favorecen una imagen fuerte, densa en legados, elaborada en su tratamiento. La identidad de Mónica hunde sus raíces en la historia nativa, desde 4000 años A.C.. las culturas Valdivia, Machalilla, Chorreras y otras costeñas, que se desarrollaron y se consolidaron reciprocamente. Así la pintura de esta artista joven del Ecuador ha asimilado y transformado las fuentes del pasado en una arquitectura paisajística de hoy. Vale señalar que, reflejando esa dualidad vuelta simbiosis, los títulos, a veces bilingües, alternan o juntan  el quichua y el español. En pocas palabras, una mirada a la pintura de Mónica Sarmiento incluye referencias precolombinas, ¿no llamó ella misma "Precolombinos" a una colección de cuadros, exhibidos recientemente.

Follajes y ramales -reminiscencias de la selva andina- suavizan las líneas de construcción y las estructuras. Aquí la  recreación de la naturaleza es "saludable"  y la vitalidad de las hojas, hermosamente estilizadas, infunde hasta una impresión de crecimiento! Ese arbolado pictórico -titúlese "mar vegetal", "bosque precolombino", "montañas", o "árbol"- metaforiza una reflexión acerca de arte y ambiente. Mónica Sarmiento, tal vez sin quererlo, introduce la ecología en sus pinturas… Compartimos la opinión del ensayista Vicente Alcaraz cuando expresa: "La dimensión espacial recogida en el arbol, paisaje y naturaleza siempre con la identidad propia de un sentido de vida. Para "Sangoracha" el árbol como instrumento de la propia creación recoge en su interior el alma humana encontrándose también en los paisajes un estímulo para su quehacer pictórico".

El colorido se emancipa alegremente de la realidad, pero -¿nuevamente rastro ancestral?-  conserva una "dominante" tonal, asegurando el acorde cromático. Además, dentro de la calidez y el brillo del pigmento, observamos sobriedad y mesura, nunca la tentación del abigarramiento. Podríamos hablar de un nuevo fauvismo, más claro, más oscuro, más luminoso, más ensordecido, según las obras, con el común denominador de la armonía y el refinamiento en los matices.

En todas las obras de Mónica Sarmiento, en su paisajismo singular, reinan principios de orden y organización, conformando un verdadero sistema compositivo y una distribución articulada de los elementos. Ella construye la obra, la expande, la define espacialmente, y varias veces han enfatizado su impronta constructivista: hasta la propia artista ha mencionado sus "parámetros geométricos". Vemos en ese modo de desarrollar una situación visual, lo que muy atinadamente han calificado "geometría sensible", un discurso formal frecuente en América Latina, tanto en la modernidad plástica como en la tradición artesanal amerindia.

Ahora bien, Mónica no se limita a un solo patrón constructivo. Ella multiplica las combinaciones espaciales, se desenvuelve con igual soltura en la verticalidad y la horizontalidad, alterna las rectas y las curvas, domina las sinuosidades y los entrelazados. Ella es bosque y llanura, monte y mar. En un discurso simultáneamente gráfico y pictórico, percibimos la memoria de los diseños geométricos antiguos, de las planchas de piedra, de las pinturas corporales. El legado cultural se afirma, transformado y trascendido de acuerdo a la inspiración, a la época y a una recia personalidad.

Hemos de mencionar un dato importante. Si la primera ojeada a las obras de Mónica Sarmiento tiende a eliminar al hombre como entidad física, y ello sucedió en su período de los "Ritmos de las Naturaleza", se trata de una apreciación momentánea.  Su versión de la vida integra al ser humano y como bien lo enuncia la artista, hay un diálogo y una síntesis: el hombre-árbol, el árbol-hombre. Más aun esa criatura simbiótica -indígena o mestiza- que nos mira de frente, se despliega en comunidad, ahora sugerente de la ciudad, de un movimiento o de una marcha. Curiosamente, la pintura adquiere un contexto social, sino reivindicador. 

Cabe señalar también la esencia y huella mítica de ciertos personajes -como la Mamacucha-.No hay contradicción entre la interpretación contemporánea y la invocación sacra, el sincretismo contribuye a la expresión identitaria del arte caribeño y latinoamericano, y la obra reciente de Mónica Sarmiento multiplica esas presencias sobrenaturales, poéticas y humorísticas…

Un crítico de arte - y amigo nuestro-, Gérard Xuriguera, dijo, con gran acierto, de Mónica Sarmiento: "Ahora Mónica es quizas la heredera de una cultura milenaria, pero ante todo es ella misma: una artista independiente fiel a su proyecto, cuya obra solidaria y prometedora hoy, está lista para el mañana." Dos años después, esta "artista independiente" ha fortalecido su compromiso y cumplido su promesa.

Marianne de Tolentino

Miembro del Consejo de Administración

de la Asociación Internacional de Críticos de